Con tanta gente tan buena,
país mío, tan querido,
¿por qué las piedras, el ruido,
la mentira y su cadena?
¿Que maldición nos condena
—casi irremediablemente—?
Son la moneda corriente
la corrupción y el engaño...
Tanto amor (y tanto daño),
¡tan buena (y tan mala) gente!
