lunes, 18 de junio de 2007

Sólo el hombre que es valiente


Aquí estamos, nuevamente,
limpios, sagrados, impunes,
los sospechosos comunes
siempre nos vemos de frente.
Aquí estamos, que la gente
los recuerde y los aprenda,
hoy enfrentarán la senda
incierta que da al mañana
con la intención soberana
de convertirse en leyenda.

Aquí, por última vez,
compartimos la palabra
porque la vida nos labra
de ausencia, tiempo y vejez.
Somos libres y no hay juez
que rija nuestro destino;
¡vayan!, que andando con tino,
con insistencia y tesón,
hallarán la inspiración
y harán su propio camino.

Todos los dioses y Dios
(si es que dios hay solo uno)
sean el viento oportuno
que los libre del adiós.
Que cuando se encuentran dos
hacen amable el paisaje,
indescifrable el mensaje
de hiel de la soledad,
necesaria la verdad
e imprescindible el coraje.

Sus padres les dieron vida,
les dieron nombre y memoria,
tradición, huellas, historia,
casa, vestido y comida.
Hace mal quien bien olvida,
borracho de ingratitud,
que le debe su salud,
su voz, su esencia, su ser,
al vientre de una mujer
que se entregó con virtud.

Los amigos de la infancia
son los mejores amigos,
firmes y fieros testigos,
sin condición ni distancia.
No extravíen su fragancia,
no vendan su lealtad,
vivan con honestidad,
fieles como las mareas,
que nunca torpes peleas
destruyan una amistad.

Apuesten por ser felices
(la vida es linda y es corta),
no abandonen lo que importa
por unos cuantos deslices.
Respeten las cicatrices
que les deje la experiencia,
disfruten su adolescencia,
yerren, corrijan errores,
y persigan los colores
mágicos de la excelencia.

Ustedes lo tienen todo,
esperanza y juventud,
¿existe mayor virtud
para librarse del lodo?
Busquen su forma, su modo,
su jornada, su ocasión,
busquen llenos de pasión
la victoria que les dé
un norte, un sol, una fe,
un motivo, una emoción.

No pacten por conveniencia,
no se rindan por cobardes
y desprecien los alardes
del poder y su violencia.
Actúen siempre a consciencia,
muestren abierta la mano,
y denuncien al villano
combatiéndolo de frente;
sólo el hombre que es valiente
merece llamarse humano.

Aquí termina el cobijo
amable de estas murallas;
duras serán las batallas,
difícil el acertijo.
Por eso yo les exijo,
les pido humilde, les ruego,
que después del hasta luego
no se olviden quiénes son
y vivan en comunión
con la verdad y su fuego.

Mis dioses y el Dios de ustedes
los llenen de bendiciones,
los protejan de traiciones,
de emboscadas y de redes.
Cuando les digan “no puedes”
rompan miedos y ataduras,
vuelen hasta las alturas,
sepan que el valor libera,
¡vayan que allá los espera
la vida y sus aventuras…!

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Texto leído en la graduación de la promoción ´07 del colegio
F.D. Roosevelt de Lima, el sábado 16 de junio del 2007.
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