lunes, 20 de diciembre de 2010

¡QUE SE LES CUMPLAN LOS SUEÑOS!

Por si se pregunta alguno,
no, la Parca todavía
no me robó la energía
con su aliento inoportuno.
Este silencio, este ayuno
de crónicas no es agónico
y a mi quehacer electrónico
de relator de mi historia
volveré, sin buscar gloria,
ni palmas ni protagónico.

Pero por unas semanas
(que bien pudieran ser meses)
andarán mis intereses
andando por otras ganas.
¡No piensen cosas profanas
pecadores, pecadoras!
Lo que me roba las horas
es un máster, ¡qué locura!,
que habla de literatura
en deliciosas demoras.

Mientras tanto, porque no
cedo al silencio profundo
sigo llenando mi mundo
de décimas que hago yo.
"El Entrometido" ancló
su barco junto a mi orilla
y así en décima sencilla
sin pretensión ni ansiedades
voy diciendo mis verdades
de hombre efímero y de arcilla.

También sigo de coplero
porque el silencio me oprime
y la palabra redime
si viene en verso sincero.
No busco ser el primero,
no busco nombre ni fama,
sé muy bien que en este drama
somos olvido y el canto
es tan solo mientras tanto
no se me acabe el programa.

Además, he publicado
unos cuentos infantiles
que me salieron febriles
como si fuera un dictado.
En uno el tema he tratado
de los miedos (y en el cuento
explico ese sentimiento),
y el otro pierde el sigilo
pues lo titulé -tranquilo-:
"Josefa y el movimiento".

"¿Hay alguien allí?" pregunta
mi más reciente novela
y habla tanto de la escuela
como de Internet barrunta.
¿Ya la familia -difunta-
se pierde entre los ausentes?
¿Los padres son competentes
en las redes digitales?
Describo allí los rituales
de muchos adolescentes.

La relación de esta lista
-sin duda- la he coronado
con un recambio de estado
que me regaló una artista.
¡Tengo una novia pianista!,
que con asombrosos dedos
va disolviendo los miedos
y taras de mi existencia,
con infinita paciencia,
con sus risas y sus puedos.

¿Algo más? Sigo en Yakarta,
haciendo de profesor.
Ya me acostumbré al calor...
¿El tráfico? Corta y harta.
Se va acabando esta carta
y esta verdad que les cuento
(mi verdad, porque la siento
como mi verso la acota);
y aunque la distancia agota
confieso que estoy contento.

Hasta pronto, y ojalá
que llegue mi poesía
a compartir su alegría
o sus tristezas, quizá.
Que vaya volando allá
con mi afectos pequeños
(pero tercos y risueños
e incendiados de pasión).
Yo quiero, de corazón,
que se les cumplan los sueños.

Y les deseo, también,
que tengan un feliz año;
año nuevo (nuevo engaño),
para mal y para bien.
Algo más. Todo el desdén
merezcan fama y dinero;
den un abrazo sincero,
besen mordiendo la boca
y si una vez les provoca,
¡amen con el cuerpo entero!

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