viernes, 29 de junio de 2007

Discurso de Alberto Kenya como candidato a senador en Japón


Tengan cordiales saludos
yo soy Kenya Fujimori
no me juzguen a priori
escúchenme, quietos, mudos.
Sé que hay muchos testarudos
que hablan mal de mi gobierno…
—¡que se vayan al infierno!—,
disculpen el arrebato…
¡soy víctima del maltrato
de un interés subalterno!

Cierto, yo fui presidente
de ese país que es Perú
y logré —¡por Belcebú!—
mil triunfos siendo paciente.
Claro, no falta serpiente
que me niegue la victoria,
pero queda en la memoria
de mi pueblo soberano
un chinito de paisano
que se coló por la historia.

Yo fui la franca esperanza
de los que estaban perdidos;
llevé la paz a los nidos
sembrados de desconfianza.
Si hoy por hoy el Perú avanza
es porque yo lo salvé,
apenas puse mi pie
en la casa de Pizarro
limpié la alfombra del barro
y conformé un comité.

Este comité en esencia
fue un grupo de gente honrada
que se dio entera, por nada,
con amor, con eficiencia.
La Central de Inteligencia
que encontrando los caminos
para vencer asesinos,
sediciosos, terroristas…
Fue el cerebro de esas pistas
Vladimiro Montesinos.

Era un muchacho educado,
de sonrisa muy discreta,
que siempre halló la receta
contra el terror trasnochado.
Sereno como un soldado
que sin descansar trabaja,
supo encontrar la ventaja
para vencer a Sendero…
¡Qué capitán tan sincero!
(Aunque le dieran de baja).

¿Que en su pasado tenía
deslices y pecadillos?
¡Hasta pecan los ladrillos
de la casa de mi tía!
¿Por la simple tontería
de unos juicios delirantes
en momentos apremiantes
debí botar al doctor?
¡Si solo fue defensor
de dos narcotraficantes!

Yo he vencido al terrorismo
y capturé a Abimael,
yo fui el tenaz timonel
que nos salvó del abismo.
Luché contra el fanatismo,
de Sendero Luminoso
y algún inescrupuloso
hoy me dice "genocida"
cuando me debe la vida
y la paz, el injurioso.

Yo los libré del terror,
de bombazos y apagones,
de muertes y ejecuciones,
de Sendero y de su horror.
Tal vez hubo algún error
—errores no son delitos—
mis generales benditos
alcanzaron la victoria…
¿Quién le reclama a la gloria
algunos cuantos muertitos?

Además era una guerra
contra enemigos mortales,
los daños colaterales
fueron lejos, en la sierra.
¿Si algún general entierra
a algunos cuantos villanos
y mueren otros paisanos
el general es canalla?
En medio de la batalla
sobran derechos humanos…

También vencí a la inflación,
corregí la economía,
le di luz al nuevo día,
le di a la noche ilusión.
Sin pedir compensación
trabajé por el futuro,
si hoy el Perú va seguro
por la senda del progreso
se lo deben a mi exceso…
de trabajo, firme y duro.

Les di una Constitución,
les di leyes especiales,
caminos monumentales
y refundé la nación.
Para calmar su ambición
disolví el burdo Congreso,
cerré, también, ex profeso,
el ruin Poder Judicial,
que estaba juzgando mal
liberando a tanto preso.

Si coloqué a mis amigos
fue porque era necesario,
el enemigo incendiario
buscaba quemar mis trigos.
Si se callaron testigos
de delito y corruptela,
si se tragó la candela
unos cuantos expedientes
de asesores delincuentes
no fui quien prendió la vela.

El Perú fue mi ideal,
fue mi obsesión, fue mi caso,
si acaso yo di un mal paso
nunca fue por hacer mal.
El programa liberal
tuvo algunas exigencias
y si hubo algunas pendencias
no las avalé jamás…
Monedas menos o más,
allá están mis evidencias.

Construí más carreteras,
escuelas, comisarías,
hospitales, vicarías,
comercios y financieras.
Delimité las fronteras,
firmé acuerdos y tratados,
y reinserté en los mercados
al Perú que era un mendigo,
fui consejero y amigo
de innumerables Estados.

Yo les prometí honradez
tecnología y trabajo
y trabajé sin relajo
(sin contralor y sin juez).
¿Alguien con insensatez
dirá que yo no cumplí?
Yo no niego que me fui
y que renuncié por fax
pero no fue por relax…
¡Atentaban contra mí!

No soportaron mi hazaña,
me gritaron: "¡corrupción!",
¡a mí!, que gané elección
tras elección con gran maña.
Alguno, mala calaña,
con saña falsificó
unas firmas, creo yo
(ya no me acuerdo muy bien),
para subirse a mi tren
pero no lo supe, ¡no!

Dicen que tengo millones
escondidos en Oriente,
en algún banco indecente
donde ahorran los ladrones.
Las sucias acusaciones
son falsas de falsedad,
hoy no vivo en ansiedad,
como tantos proletarios,
gracias a mis partidarios
y a su generosidad.

Estas horribles mansiones
son tan solo prestaditas
por quienes vieron mis cuitas,
penurias y privaciones.
Cuando viajo es en aviones
de partidarios, testigos
de mi amor por los mendigos
y mis hermanos los pobres.
Si estoy vivo es por los sobres
que me dejan los amigos.

Yo no me marché con nada
ni con joyas ni lingotes,
me persiguieron coyotes
por tenderme una emboscada.
Yo tengo una vida honrada
sin mentiras ni cinismo,
yo combatí el terrorismo
le di luz a Lima gris
y si abandoné el país
fue solo por patriotismo.

Pero siempre tuve claro
que mi corazón quería
poder regresar un día
a mi Perú, noble y claro.
Por eso dejé el amparo
que me brindaba Japón
(que también es mi nación
por cosas de mi papá)
y así me tienen acá
en tremendo problemón.

Yo me dije: "Voy a Chile
—civilizado país—,
y me sueltan en un tris
y llego a Lima en desfile".
Más pudo el "corre-ve-y-dile"
de la intriga palaciega
y aquí estoy en la refriega
porque crueles y a traición
pidieron mi extradición
a la Justicia, esa ciega.

Una fiscal extremista,
histérica, acomplejada,
dictó, mal influenciada,
una opinión alarmista.
No quiero ser pesimista
pero dice mi abogado
que si bien no ha sentenciado
aún el juez de la causa,
se viene terca y sin pausa
la extradición… ¡Qué pecado!

¿Qué pecado cometí
al gobernar mi Perú?
Insisto —lo sabes tú—
hay un complot contra mí.
Ciudadano, porque a ti
siempre te di mi verdad
hoy pido tu lealtad,
tu amor y tu comprensión…
Venzamos la extradición
con la creatividad.

¿Recuerdan como salvé
el lío de la embajada?
Esa gloriosa jornada
es pasaporte a mi fe.
Voy a poner un traspié
al torpe procurador,
mi amigo el Emperador
va a prestarme su reflejo
y así libraré el pellejo,
la libertad y el honor.

No contaban con mi astucia
y ahora soy candidato
para salvar el mal rato
con esta genial argucia.
Puede parecer minucia,
mas no es pompa de jabón...
¡Voy a ganar la elección
del Partido Popular!
¿Qué juez querrá extraditar
a un senador de Japón?

2 comentarios:

Tibor dijo...

Muy buena... ¡felicitaciones!
Hay que tomar las cosas con calma, serenidad y buen humor.

Eres un buen decimista.

JOSÉ LUIS MEJÍA dijo...

Mil muchas gracias, Tibor,
esto de hacer espinelas
es como encender mil velas
con ganas, fuerza y amor.
Dices bien, el buen humor
es el mejor codimento
para pasar el momento
donde se alza la tristeza,
la risa buena es nobleza,
agua vital y alimento.