sábado, 30 de junio de 2007

El buen Dios me protegió...



—A ver, George, ¿por qué deseas
que el buen Dios venga y me lleve?
—Fidel, así como llueve
morirás, aunque no creas.
—No me asustan las mareas
de la Muerte —No lo dudo…
—Siempre he llevado de escudo
algo de ciencia y de suerte.
—Pero ya no estás tan fuerte
y habrás de quedarte mudo.

—Moriré, sí, como todos,
como tú, mi buen Jorgito;
también oirás el grito
último… —De todos modos…
—¿Entonces, los acomodos
con la mafia, de la CIA?
—No es algo que yo quería,
fueron mis antecesores…
—Muy malos bichos —Horrores
que yo no cometería.

—Pero le pides a Dios
que me mate… —No, Fidel,
¿acaso me crees cruel?,
era un presagio de adiós…
—A ver, George, cuál de los dos
habrá de partir primero…
—Pues para serte sincero
creo que tú, Fidel Castro,
once meses en camastro
te acercan al matadero…

—Pues lo dudo, compañero,
George Bush, rival, presidente,
acá me tienes presente,
salud de roble y entero.
—Dios dirá… —¿Y el mensajero
del buen Dios has de ser tú?
—¡Las barbas de Belcebú!
—¡Me estás diciendo demonio!
—No Fidel… —¡Tu testimonio
se oirá hasta en Katmandú!

—No Fidel, no digo nada,
no pido nada al Altísimo,
ya sabrá el Reverendísimo
cuando acaba tu jornada…
—Disculpa la carcajada…
—No te preocupes… —No,
no voy a morirme yo
antes de ver tu destierro
y comentaré en tu entierro
“el buen Dios me protegió”.

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