martes, 22 de mayo de 2018

¡A la reja!

Condenaron en Australia
—¡bravo!, aplausos, por favor—
a un obispo encubridor
(no vengan con «represalia»).
Quien ensució la sandalia
de su Dios callando vil,
se merece un alguacil,
rejas, prisión y candado.
Malditos que han traicionado
nuestra inocencia infantil.

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